Un día, Hernán Casciari escribió que en cualquier capítulo de la serie de televisión americana CSI era apreciable una estructura más perfecta que en los relatos policiales de Edgar Poe y, desde entonces, el espíritu del poeta que fue autor de La filosofía de la composición está presente en nuestros sueños exigiéndonos una venganza. Algunas veces le aconsejo olvidar la ofensa: alego que Casciari conoce de su obra genial sólo el resultado de una búsqueda en Internet sobre la novela policíaca; que menciona el nombre de Poe como menciona los de Borges o Alfred Hitchcock: como fórmulas aprendidas para el ascenso social; que vengarse de un infrahombre no es menos estéril que vengarse de una ballena, como nos recordó Melville, y como la fisionomía del mercedino nos recuerda también. El poeta, entonces, duda y me exige una prueba de que lo que digo es cierto, de que nunca uno de sus textos ha sido manchado con la mirada de Onán, con sus ojos de pornógrafo, de lector de bidé de baño de señoras. Creo haberla conseguido:
En el primer parágrafo del último artículo publicado por Onán Casciari en Espóiler, encontramos el siguiente empleo del guión:
¿Merece este hombre sus desvelos, señor Poe?
«En que la puntuación es importante todos están de acuerdo, pero ¡qué pocos comprenden el alcance de su importancia! El escritor que desatiende la puntuación o puntúa mal tiene probabilidad de ser mal entendido; esto, según la idea popular, es la suma de los males que se originan en el descuido o en la ignorancia. No parece que se sepa que, aun donde el sentido está perfectamente claro, una frase puede quedar desprovista de la mitad de su fuerza, de su espíritu, de su sentido, por una puntuación inadecuada. Por la falta de una simple coma sucede a menudo que un axioma parezca una paradoja, o que un sarcasmo se convierta en un sermón. [...] El guión da al lector la elección entre dos o entre tres o más expresiones, una de las cuales puede ser más convicente que otra, pero todas las cuales sirven de ayuda a la idea. Sustituye por lo general a estas palabras: o, para hacer más claro mi pensamiento... Esta fuerza tiene, y esta fuerza ningún otro signo de puntuación puede tenerla, ya que todos los demás signos de puntuación tienen usos bien entendidos totalmente diferentes de éste».
(Extraído del texto de Poe La puntuación, a partir de la traducción de María Condor en el libro Escritos sobre poesía y poética, Ed. Hiperión)
En el primer parágrafo del último artículo publicado por Onán Casciari en Espóiler, encontramos el siguiente empleo del guión:
«Me gustaría retomar ahora mismo la actividad de Espoiler —después de este breve impás de turrones, huelga y fin de año— con un regalo de Reyes para los lectores sibaritas, o para los telespectadores más exquisitos, que es lo mismo».
¿Merece este hombre sus desvelos, señor Poe?




10 comentarios:
Fábula de un cerdo en erección
Una criatura repugnante de rasgos que recordaban al cerdo salía a cazar todos los días cuando caía la noche. A pesar de su gran tamaño, la bestia disfrutaba viajando y tambaleándose por la tela de una araña. Buscaba sin cesar por estas redes nuevos sitios pringosos y resguardados de la lámpara nocturna, antros en los que saciar sus apetitos libidinosos con el espectáculo de muchas hembras de su especie despellejadas por la araña. Sin embargo, en ninguna de sus cacerías consiguió la criatura vaciar sus entrañas ni relajar la terrible erección que torturaba su vientre, nunca hasta la noche en que errando el camino fue a parar de seda en seda al hogar de un escritor, en un paraje de la red que nunca antes había explorado. La bestia eyaculó repentinamente, excitada por el miedo y la visión del extraño erudito, que aunque parecía de su especie era mucho más alto y hermoso, tan majestuoso que a su lado ella parecía la huella de un aborto evolutivo. Eyaculó, y mientras lo hacía cedió su erección con tan mala fortuna que el desagradable producto de su intestino fue a parar a la cara del sabio. Asustada, la bestia saciada huyó de esta morada dando tumbos, y del trote de sus patas inmundas vino un terremoto que hundió los cimientos de la casa y resquebrajó las cuerdas que la sostenían, cayendo el escritor con todas sus cosas en la infinita penumbra inferior para siempre desaparecer.
Fábula de una zorra enamorada
Beatriz trabajaba cien aceras grises de la ciudad meridional. Beatriz no disfrutaba de vacaciones ni de pagas extra, no libraba los fines de semana, no conocía la prevención de riesgos laborales. Beatriz fumaba tabaco y bebía con moderación. Beatriz era puta. Nadie acertaría a decir lo miserable y sucia que Beatriz se sentía por dentro, porque ni siquiera ella sabía con certeza hasta qué punto se odiaba. En los últimos tiempos había proliferado entre sus clientes el tipo de cerdo urbano de cuya cabeza o entrepierna nadie desearía recibir masaje ni cortesía. Cuando ya toda su clientela eran bestias de sebo y paja, en la hora en que vacilaba y proyectaba Beatriz su huida de las calles soñando quizá con una vida lejos de la zoofilia y de la dignidad violada, una medianoche inopinada apareció en su despacho de cemento un americano oval distinto a todos los hombres que ella había conocido. El extraño se zafó del anorak con una agilidad graciosa como de héroe de películas y series olvidadas, y pidió un servicio muy especial: no quería el intercambio físico de un metesaca, sino pura y simple compañía de fulana. Cien noches caminó Beatriz junto a su hombre por las calles de la ciudad, y cada día le parecían menos sucias y detestables que el anterior. Él nunca solicitó otra cosa más gravosa que la pública cercanía de la muchacha, la mano dispuesta para la suya y la sonrisa pronta para la calificación de todas sus aclaraciones del mundo en derredor. Nunca en todo ese tiempo se bajó él los pantalones. Después de muchos días que a ella le parecieron años, Beatriz, sintiéndose ya feliz y señora, le confesó su amor al americano esperando recibir el certificado de su nueva nacionalidad. Sin embargo, él no se inmutó y, como quien ha preparado su mejor sarcasmo en muchas noches de vigilia, arrugó ligeramente el gesto mientras informaba a Beatriz de que ella era sólo una puta.
¡Jesús! ¡Eso es! Un paleozoólogo experto en errores genéticos no hubiera sentenciado mejor. Creo que tengo una idea razonable de quién eres pero, en cualquier caso... ¡Más, por favor! ¡Más!
Ay ay Alejandrito; nos encanta que pasées tus desvaríos en este anti-blog que seguimos con avidez desde que te independizaste y te erigiste en el ente parásito que hoy eres. Por eso te aconsejo: mantén las buenas costumbres, quédate en tu sitio, que es este pozo de olvido, y aléjate de los comentarios de Espoiler.
Sigue así, un abrazo.
El súmmum de la decadencia de nuestra época: esta mañana en el programa 'La Mirada Crítica' de Telecinco, Vicente Vallés, entrevistando a Ken Follet acerca de la secuela de su famoso bestseller 'Los Pilares de la Tierra', le preguntaba (más o menos) si no le preocupaba el fenómeno vicioso que condensa el dicho "segundas partes nunca fueron buenas". Ken Follet "ha respondido" a esta pregunta diciendo que no está preocupado en absoluto porque por lo que sabe su libro ha batido récords históricos de ventas.
¿No es el "argumento" del dios Follet un magnífico ejemplo de la pandemia de la cultura que venís denunciando en el blog?
Exactamente. Gran ejemplo traed usted consigo, amigo Posadas. No saber lo que se le pregunta a uno y no contestar por tanto en consecuencia, sumado al podrido argumento mercantilista de la calidad (lo «bueno»), en eso consiste la úlcera de la inteligencia y la moral de nuestro tiempo. Hay gente como Casciari de la que no me extrañaría escuchar una defensa de la venta de drogas duras a menores so disculpa de lo bien que se vende.
Y se me ocurre algo más. Imagino que Vicente Vallés entrevistó a Follet por medio de un traductor, de modo que ¿y si fue éste quién malogró la conversación? Puede que sea uno de esos violadores de la gramática y traductores aficionados de ArgenTeam, AsiaTeam, SubDivx, OpenSubtitles, Wikisubtitles, Tusseries y Lostzilla (sobre todo la chusma de Lostzilla), cuyos pies tanto le gusta besar a Hernán Casciari el «Cifras».
Más que un blog una mierda.
No tienes cultura, Alejandro
Cómprate una.
Alejadro Droucho cree que tiene mucha cultura por que copia muchas palabras lindas del diccionario. El contenido de las pendejadas que escribe le tomas solo cinco minutos, pero despues tarda unos tres dias en buscar todas esas palabras tan lindas que usa, para aparentar un gran conocimiento de la lengua española.
En cuanto a creatividad, CERO.
No llores, no es tu culpa, tan solo no tenes el don. Alejandrito Drouchito: "Lo que Natura non da, Salamanca non presta".
Me encanta Borges y Cortázar. Soy argentina. Por qué no escribís algo sobre ellos? Generalmente leo comentarios odiosos en contra de los argentinos y comparaciones insidiosas.Acaso deberían odiarse personas que leen los mismos libros y laten de una misma pasión. Lo repito y para que a nadie le quepa duda: amamos a Cortázar, a Borges, a Sábato, a Poe a Henry Miller, a Proust, a Dostoyevsky, a Sartre, a Durás, a Hesse, a Camus, somos cultos y presuntuosos es cierto porque tenemos con qué. Dejen de compararse con nosotros y admírennos, ríndanse a nuestros pies. Ámennos... Ya es hora de bajar las barreras y tirar todos para un mismo lado.
Das asco Lucho.
Eres un enfermo mental! Tanto criticar, tanto criticar, te va a salir una úlcera del tamaño de tu cara. Una pregunta: ya que presumes tanto de cultura ¿por qué no escribes algo como la gente, en vez de tanta mierda?
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