martes, 20 de noviembre de 2007

La inevitable levedad de Onán

Durante la semana pasada, un comité formado por los herederos del sentencioso pero imaginativo Oscar Wilde se reunió en un castillo de las afueras de Dublín con el propósito de actualizar algunas de las más conocidas frases del escritor irlandés, a fin de que resulten más cercanas a los nuevos lectores. De ahora en adelante, tendremos que citarle así: «En este mundo no hay nada cierto salvo la muerte, los impuestos y la ponzoña en los artículos de Casciari». Tiene razón.

6 comentarios:

Droucho dijo...

Nunca defraudas, amarelo. Me ha gustado particularmente este nuevo género corto de rellenar bitácoras. Sí, lo corto es bien aplicable a Casciari, por razones evidentes.

Langas dijo...

Veo que sigues disfrutando vomitando bilis en tu anti-blog. Eso está bien, hombre; disfruta.

Droucho dijo...

Bueno, bueno, antihombre o antitendencia en todo caso, por favor. Conviene apuntar alto.

No es la primera vez que recibimos este género de calificativos. Espero que no sea la última. De veras me crezco en el desprecio. Aunque sé que pocos me creen cuando digo esto, me acompleja el reconocimiento. Es la consecuencia lógica de sostener la teoría de que la sociedad en su mayoría no es un público selecto. Este blog y las personas que lo hacen no quieren, no persiguen y nunca aceptarán, como Hernán Casciari, ser mediocres, ser best sellers.

Porque, de hecho, recibir un premio como los que la Academia de Televisión le echa por pares a los infrapresentadores de Sé lo que hicisteis, acoger a cien mil visitantes en esta morada o, peor aún, a dos o tres internautas de entre la hinchada de Casciari en Orsai, serían, para nosotros, motivo de vergüenza.

Sí. Es cierto: yo por lo menos, disfruto haciendo esto, haciendo lo que es justo. Y aún disfruto más sabiendo que conoce bien Hernán mi entretenimiento auténtico.

Javier España dijo...

Tengo una duda sobre el blog ¿Cuál es el objetivo y qué te propones con las críticas o "cartas" a Casciari?

Druocho dijo...

Nuestro objetivo, don Javier de valiente nombre, no es otro que el de practicar el nunca bien ponderado arte de la autofelación, técnica ésta que vamos perfeccionando letra a letra, tecla a tecla y contractura dorsal a contractura dorsal. A veces, magullados por el ejercicio intenso y fatigoso de doblar las espaldas en ángulos sólo alcanzables por maestros como nosotros, nos concedemos el descanso de dejarnos asistir en el empeño por el estoma del compañero, siempre dispuesto a afilar garbanzos mustios y limpiar sables ajenos. Te animo a unirte a nosotros en esta cruzada, buen español -valga en este caso la redundancia, pues amigos de sostener lo contrario son, ya, una plaga-, sumando al ánimo un consejo: provéete de cepillo resistente y dentífrico al por mayor, que los vas a necesitar.

Droucho dijo...

En la red, sólo hay un reducido número de internautas capaces de escribir así, y los conozco a todos.