martes, 30 de octubre de 2007

Preguntado Malaprosa

Esta es la historia de una mala prosa, la de Hernán Casciari el corruptor de palabras. He aquí el relato de cómo esta prosa fue extirpada de uno de sus recientes malpartos e interrogada en dependencias policiales:

«Los Simpson tuvieron sus antepasados: los Bundy»


Cuartucho de comisaría. Frío y mazmórreo. Dos sillas, mesa y bombilla perezosa. Un argentino grueso se sienta encorvado y obedece a un policía de mirada adusta e indescifrable. Las voces se abaten sobre los muros para morir en un eco de alcantarillas.

Policía: ¿Cuántos años tiene usted?

Casciari: Pues, científica y estructuralmente hablando, tengo x años, señor agente.

Policía: (Patea a Casciari sin demasiado ímpetu, como por reflejo) ¿Es usted tonto, o me toma por tal?

Casciari: (Doliéndose) ¡No, no, mi señor! (Implorando) Si es que lo que digo es que, si me entendés, tengo x años pues mis antepasados tienen x + 2. Así es que también los Bundy, antepasados sin dudas de los Simpson, nacieron dos años antes que los mismos.

Policía: ¿Es usted argentino?

Casciari: Sí, mayormente mercedario, y de Mercedes para más señas.

(Enseguida, se arrepiente de su locuacidad: duda de que sus orígenes supongan la mejor credencial. El largo y pesado silencio, tan solo inquietado por el ruido de una escoba que acaricia la puerta, torna el miedo tangible. El aire se impregna al fin del testimonio amoniacal. De pronto, el policía se yergue y sonríe)

Policía: Ahora entiendo mejor. Sea como fuere, ¿no sabe usted que la argentinidad no excusa de expresarse en un español lógico y decente, por muy hincha de Borges que se precie?

Casciari: ¿Yo qué he hecho? (Abre tanto los ojos que los globos parecieran hincharse)

Policía: Para empezar, ha pretendido dolosamente que los «Simpson tuvieron sus antepasados en los Bundy».

Casciari: Oiga, pero ¡si es que es cierto! Vea que en las dos series hablan desde el contacto con lo metafísico. Están basadas en idénticas estructuras protagónicas; hay el típico padre tontorrón que cuelga a sus hijos de internet, hay la típica madre que le pesa el vello cabelludo y hay viceversa.

Policía: Sic, sic, sic. ¡A callar! (Golpea al detenido en el pescuezo). O se deja usted de payasadas o le encierro para siempre, ¡cojones! (Hace sonar las llaves) ¡Entérese! ¡No existen los antepasados con sólo dos años de anterioridad! ¡De esto es consciente un niño! De modo que retire usted lo dicho.

Casciari: ¡Ay, ay! ¡Bueno, mirado y visto así...! (Forzando una sonrisa) ¡Ea, retiro la boludez de los Bundy! Me quedo con lo de: «Los Simpson tuvieron sus antepasados», y sanseacabó.

Policía: (Golpea violentamente la mesa y, con la mano, hace el gesto elocuente de no dar su brazo a torcer) ¡No hemos terminado contigo, escritoriperiodista (Mostrando una sonrisa sádica) Dime... ¿Acaso alguien podría tener antepasados, no suyos sino de otra persona?

Casciari: ¿Eh? No sé. Hace frío, aquí. Eh... a lo mejor es cierto, y a lo mejor no. Bueno, los antepasados son de uno mismo, por definitoria, así que... No, antepasados ya es suficientemente, y le sobran posesivos. ¿Qué tendría yo en mente? Vale, digamos, simplemente, que «Los Simpson tuvieron antepasados».

(¡Plaf! La bofetada salpica la pared con sudores, y derriba al detenido. Ahora yace encogido en el suelo, sobre lagos de naturaleza indeterminada)

Policía: Porque soy español ¿te crees que soy una mierda? ¡Escúchame bien, bidetero Perogrullo! En este país existe inteligencia. En este país no requerimos de pastillas ni buenasnoches; no necesitamos que nos recuerden el sol y la luna. Todo ser viviente tiene ancestros, per se, por naturaleza. ¡Que ningún otro mercedario se atreva nunca a recordármelo!

Casciari: ¡Ah, sí! ¡Ah, no me pegue! Es... ¡Es de pura lógica y estructura! (Se palmea la frente con espasmos epilépticos, como queriendo agradar más en su reculada) ¡Retiro, retiro y retiro lo dicho! ¡Lo que usted diga! Pero, ¡por favor, no me mate! ¡Ay! ¿Qué más retiro ahora?

Policía: Retírese usted mismo. Lárguese por la puerta, que está abierta, y que no lo vuelva yo a ver.

(Observa a Hernán Casciari mientras éste, ya rehecho, se escabulle sin despedida por el agujero de la puerta. En el rostro del interrogador, todavía, no aparece claro ganador: la piedad y el asco combaten sin tregua. Un hombre joven que limpiaba afuera aparece en el umbral, apoyado en una escoba).

Joven: Y que no lo vuelva usted a leer.

domingo, 28 de octubre de 2007

Las meditaciones de Casciari

Un amable trabajador del grupo Prisa, caballero a la vieja usanza insumiso con el giro casciaresco de su editorial, nos envía una carta cuyo contenido, por su interés, no queremos dejar de compartir con nuestros lectores.

Paladines valerosos de la sindéresis:

Desde el primer día en que puso el pie en la redacción, ha serpenteado por los pasillos el rumor de que Hernán Casciari, más conocido por los alias de «Onán», «Malaprosa» o «Hernán Simpatria», ignorante de los misterios del idioma, ignoraba también, porque la televisión no se las había enseñado, las técnicas de la lectura y la escritura. Harto de ver achacadas sus perennes violaciones de la ortografía y la sintaxis al empleo, con mala de dicción, de sintetizadores de voz, nuestro menos apreciado compadrito ha decidido demostrar, mediante la publicación de un libro de memorias, que él lee «mucho, frecuentemente y a menudo», según sus palabras. El libro, que seguirá el modelo del clásico Meditaciones, de Marco Aurelio, se titulará Meditaciones en la taza de un wáter público: un refinamiento apátrida, y tendrá como objeto demostrar, dice Casciari: «que la estructura de mis escritos, y también la de mis artículos y mis novelas, está estructurada en contenidos propios y ajenos, y es jerárquica. Eso está originado por la causa que mis vastas lecturas molestan a algunos demis lectores, que no son tan listos como yo, ni conectan en ese plano con el hombre futbolero».

Sin aburriros más, os adjunto una copia del primer capítulo:


Capítulo I

De mis sendas abuelas, el hablar con frases hechas y el desconfiar de quienes hablan sin ellas.

De mi abuelo, que la mentira deshonra a quien la cree y ennoblece a quien la usa.

De mi tío Pampero, que la mentira puede ser verdad mientras haya alguien que la crea.

De mi padre, la identificación de lo viril con lo grosero.

De mi madre, que las mujeres no valoran en un hombre la cultura, sino la apariencia de cultura, y que citar de oídas puede ser tan elegante como hacerlo con rigor, mientras suene bien.

De mi padrino, que no se es argentino sin hablar de Borges.

De Borges, nada.

De La Hora Chanante, el humor necio y grueso.

De Sé lo que hicisteis la última semana, lo mismo.

De El Increíble Hulk, que el temor a lo que se desea se llama angustia... y nos pone verdes.

viernes, 26 de octubre de 2007

Acerca de un argentino

Según informa el diario El Correo, el hombre «tranquilo» que viajaba en el famoso vagón –ya saben, el youtubeperiodismo1 de la semana– era argentino. Pensé, al conocer la noticia, que Casciari lo pasaría mal estos días. Él se deleita amplificando las gestas (o las pequeñeces) de cualquier súbdito de la Plata. En sus escritos se cuelan bonaerenses y cheparlantes con invitación o sin ella, Rodrigo Noya, Robert Duvall, Viggo Mortensen... Mas todos ellos entran en el burdel onanista para su desgracia, pues allí son trasquilados de todo mérito verdadero y salen, si lo hacen, desnudos, con el solo abrigo de su vergüenza y la medalla de la argentinidad. Fría medalla.

Pero Onán me reservaba una sorpresa. No escondió la testa entre los muslos, no cerró el pico como yo esperaba. En lugar de eso, ha decidido mostrar su chuminismo2 más aventurado limpiando, o intentando limpiar, toda la roña que ha echado el nombre de su patria en nuestro país la última semana. Así, preparó estas líneas que ahora publica en la capital de su mediocridad Orsai, probablemente sentado cabizbajo en la porcelana del cuarto de baño3.

Poco puede decirse de esta empatía intentada. Cuando son ese chuminismo, la hombría ficticia y el coloquio infértil de bar los únicos compromisos que le obligan a escribir a uno, poca conquista se puede esperar en sus palabras. El artículo de Orsai es una triste sucesión de guiños de camarada a camarada, excusas pobres entre argentinus pusillanimis que no convencen y, a más patetismo, exageraciones antiliterarias:
«Aparto la vista porque tengo terror de sobresalir, de cruzar la mirada, de chocar contra los ojos de la bestia».

«Él, en Su enorme sabiduría, tuvo que hacer entrar al vagón a una bestia desbocada, a un animal dos veces más grande que yo».

En efecto, Onán acude a Dios, a los leones y a los gigantes de doble altura para salvar las Malvinas, o lo que queda de ellas. Qué héroe. Además, Casciari, apiadado de nuestra necesidad de nuevos materiales para la descuartización de su fenecida moral, tiene incluso la deferencia de regalarnos a todos sus detractores esta afirmación imbécil4, podrida y perversa:
«Es solamente un tema (sic) de fealdad facial. No sé por qué le (sic) llaman racismo a este asunto; Estoy (sic) seguro que (sic) con cirugía estética a precios razonables, en España se acaba la violencia en los trenes nocturnos».



Cuando he sabido que este infeliz pasajero del vagón era argentino, Casciari, no he sentido cólera o desprecio por él, pues el miedo lo hace humano. Los he experimentado por ti, la cólera y el desprecio anticipados, pues contaba con que practicarías mentalmente tus inhumanos ejercicios de funámbulo avergonzado, disculpando la cobardía, rizando el rizo; aunque nunca hubiera sospechado que harías pública tu reflexión incompetente, en una ocasión tan delicada como esta que te ha tocado vivir. Mejor enterrar otra vez tus palabras, argentino.

Antes de poder despedirme, tal vez me salgan ustedes al paso: «Pero ¿cuál es el propósito de este comentario tuyo sobre el celebérrimo suceso?». Pues bien, mi intención no era otra que subrayar cómo el hombre tranquilo del vagón era argentino. Óyeme, Hernán Casciari: Culo Sentado es argentino. También.

*

1 El youtubeperiodismo, perdonen el neologismo, supone la monarquía del vídeo, la nueva dictadura de la desinformación, muerte de la fotografía, de la expresión y de la reflexión. Pero es, ante todo, el alimento favorito (refs: 1, 2, 3, 4) de ladradores, falsos periodistas y escritores sin raza.
2 El término es una adaptación satírica del conocido dislate (refs: 1, 2) de Casciari a propósito de la voz chovinismo, préstamo del francés (chauvinisme) que indica un nacionalismo exacerbado. El argentino, en su afrancesamiento frustrado, retrotrajo mal a sus orígenes galos la morfología de la palabra escribiendo «chauvinismo», en lugar de chouvinismo, deformando por ignorante el resultado fonético hacia el «chuvinismo» del que nace nuestra burlesca adaptación.
3 Obsérvese la presencia recalcitrante del olor y del olfato en el artículo de Casciari en estudio (ref: 1). La inferencia de que Casciari traslada la fragancia del cuarto en el que escribe a la ficción en la que trabaja aporta nuevas hipótesis a la difícil e incipiente investigación de la subcosciencia.
4 Ayer, lógica sensible; hoy, bofetada de razón en «su» –con todas las comillas que precisa el posesivo– periódico: (ref: 1). Los racistas de hoy no son filósofos o Goebbels, sino desecho callejero; paralelamente, en Internet, no son periodismo o literatura todas las letras que relucen.

miércoles, 24 de octubre de 2007

El incivil Onán menosprecia a la familia Picapiedra en un simulacro de artículo (Parte 1)

La tatarabuela de Marge Simpson
se ataba el moño con un hueso


Antes que la familia amarilla lo hiciera, con los Picapiedra
aprendimos que a los padres yankees les gusta jugar a los
bolos y beber jugo de cacto o cerveza


Entre principios de los 60 y finales de esa misma década, el tándem creativo Hanna-Barbera dio a luz a muchos de los personajes de animación que harían más amenas las mañanas de los fines de semana de los que nacimos entre los principios de las décadas de los 60, los 70, los 80, y sus respectivos finales.

Hanna era la mitad trabajadora del tándem, el amigo bruto pero que se mataba a trabajar y así conseguía salir adelante, como los españoles en Argentina, y Barbera la mitad creativa. Barbera, a todo esto, es un apellido muy frecuente en Argentina, razón por la que no es inverosímil, aunque pudiera ser verdad, que fuera argentino, seguramente, pero quiero creer que con toda probabilidad, de Buenos Aires.

Este tándem se cansó de estructurar y editar programas con contenidos ajenos, en una productora, y decidió hacerlo por su cuenta con contenidos propios. Y lo consiguió con éxito.

Los Picapiedra es una de esas series que se mueve como pez en el agua en la, a menudo, tan unida frontera entre el costumbrismo de familia americana y la ciencia-ficción extraterrestre.

Pedro, el cabeza de familia, camina descalzo por la calle y lleva una túnica, algo que debe facilitarle el gesto que más repetimos los hombres a lo largo del día, que es el de rascarnos la entrepierna mientras vemos el fútbol, y que es lo que más nos gusta hacer después de cepillarnos los dientes con la escobilla del wáter y eructar delante de nuestra suegra.

lunes, 22 de octubre de 2007

El epitafio de Hernán Casciari

Hace dos semanas, el equipo explorador de Cartas a Casciari se trasladó a un remoto y despoblado rincón del Polo Sur, antiguamente disputado por Argentina y Chile, ahora reclamado por nadie, después de haber recibido un telegrama procedente de la Patagonia con el que un grupo de simpatizantes locales de la web nos avisaban de la existencia de una misteriosa sepultura presidida por una lápida con la siguiente inscripción:

Menos pútridos, menos corruptos que sus tábidas mentiras, bajo esta tierra infértil los despojos de Hernán Simpatria descansan su impostura. Nunca escritor, nunca periodista, nunca español, nunca humorista, nunca argentino, mintió a todos, engañó a pocos, aduló, sufrió escarnio, ascendió, descendió y escupió sobre las profesiones anheladas por su envidia hasta desembarcar, repudiado por todas las naciones, en un estuche sin brillo, en este, el cementerio de los parias.


domingo, 21 de octubre de 2007

Quisiera ser

Esta semana que acaba nos ha traído divertidos y gamberros a un tiempo, con todo esto del «ser». El asunto no requiere explicaciones latas. Caminaba hace unas semanas por los pasadizos del metro de Madrid, subterráneo y ciudad donde suelo refugiarme de andaluces displicentes, cuando reparé en un inmenso cartel publicitario de 3x3 con el último eslógan de cierta cadena de radio: «Quiero ser», rezaba la gigantesca cabeza de Carles Francino, sonriente, demasiado sonriente tal vez, que huía de enfrentamientos ficticios, como siempre.


Propaganda de la SER, en la SER.


La extraordinaria ambigüedad del nuevo lema corporativo de la SER resulta, en su puerilidad, fascinante. Quieren ser. Pero no son. El caso es que Hérnán Cáscíárí, que benditas sean todas las tildes que le saja a su blog Espóiler en este atildado estreno del renovado EL PAÍS, colabora de cuando en cuando en aquella huidiza radio. Nada importante, tan solo unos comentarios superfluos, un «vaya gol de Messi» o un «desde aquí mi total apoyo», ustedes ya me entienden. El caso es que a uno le hubiera gustado ver a nuestro Casciari en cartel, en ese cartel de 3x3 porque, en contra de lo que algún lector de Anticasciaria pretende, nosotros, al argentino le queremos bien y porque en el metro, guarida propicia para la travesura, quizá algún pillo se acercara a la colosal testa, y sin acobardarse bajo esa mirada de sabio escrutador de Casciari completase, al aerosol: Quiero ser periodista.

martes, 16 de octubre de 2007

¿El peor artículo nunca escrito?

La antepenúltima pieza de Hernán Casciari ha sido la más bárbara de cuantas se avistaron en Espóiler últimamente. Este dechado de sandeces, propaganda plebeya y grotesca de la serie Desaparecida, acumula tanto detritus lingüístico que sólo mediante el desguace tranquilo y sistemático de sus trogloditas tachas haremos bien a la inteligencia de nuestros lectores.


La entradilla argentina o el odio al periodismo.

Titula Casciari la pieza de marras: «Con 'Desaparecida', apareció la buena TV española». ¿Se puede ser más aldeano, previsible y vendido titulando un artículo? De veras lo dudo, pero otorgo al Hombre Amarillo este ámbito particular de estudio: la mala rúbrica argentina. Servidor, en cambio, centrará su atención otra vez en la entradilla paupérrima, el único pegajoso género de introducción que Onán conoce. En esta ocasión dice así:
«Los miércoles a las 22, por TV1, se ha comenzado a emitir la primera buena ficción española de la temporada. ¡Por fin una crítica a favor!»

Así están los miércoles a las diez y los miércoles a las 22 como las personas y los urogallos. Sin embargo, biología aparte, ¿no están obligados todos los seres vivos, aun aquellos que sólo se comunican por medio de roncos graznidos, al uso concordante de su lenguaje? A ninguna criatura decente debería estarle permitido proferir patochadas tales como «los miércoles se ha comenzado».

Tiene gracia, es cierto, la cuestión de los adjetivos: esos tres tunantes que atenazan el sustantivo ficción evocan la imagen de Hernán Casciari en el callejón oscuro, tibios los pantalones, acorralado por la Gramática, la Dicción y la Semántica. No obstante, me pregunto quién habrá de perdonarle al de Mercedes ese exclamatorio «¡por fin a favor!», autocomplaciente y pringoso. ¡Como si fuera alguna adulación suya sincera y prestigiosa, como si no estuviera todo su criterio adjudicado ya al mejor postor!

Autodefinidos.

¿Recuerda el lector aquella ocasión en que nos reímos hasta el hartazgo de ese género de torpes que tira elogios de punta contra su propio tejado? Pues, regocijaos hoy una vez más, porque ¡Casciari lo ha vuelto a hacer! Ved, ved cómo nuestro comentarista favorito le enjabona los pies a su querida mala serie:
«Desaparecida llega a la pantalla con el buen pie de una publicidad azarosa: la sociedad está hipnotizada, desde hace meses, con el caso de Madelaine McCann, la niña inglesa que desapareció del mapa en Portugal. Pero por suerte, la serie se parece muy poco al circo mediático de la pareja inglesa».

No es preciso leer más. En esta bitácora no explicaremos a Hernán Casciari qué fue antes, el huevo o la gallina: no lo comprendería, puesto que no comprende las relaciones causa-efecto más evidentes. Que la desaparición de Madeleine no es un pretérito por suerte, una casualidad de ayer llamada a beneficiar el estreno televisivo de hoy es pura perogrullada. Hasta el más ingenuo entiende que esta serie se nutre del morbo despertado por el caso McCann y que, desde luego, se está lucrando gracias a un interés malsano despertado por una tragedia. La confusión gallinácea de Casciari nos permite (una vez más) dilucidar el caso: Desaparecida no es una ficción; Desaparecida es un producto morboso, oportunista y enfermo de telerrealidad.

'El Tío Paquete' de Francisco de Goya

Lo ordinario.

Dice mucho de la ambición intelectual del hombre su amistad o desapego a los tópicos. No puede haber erudición, ni riqueza moral tampoco, en el sujeto que se refugia tras el lugar común, creído de que toda sabiduría de la humanidad puede encerrarse en el tópico. Casciari es gran amigo de estos lugares comunes, guaridas de lobos, y vadea todos sus compromisos literarios brincando de topicazo en topicazo. El artículo en estudio acumula ordinarieces hasta donde alcanza la vista, hártense:
Con el buen pie / de lo más normal / se pone patas arriba / lo normal en estos casos / en lo que va de año / dejaron al público con ganas de más / hay que destacarlo con mayúsculas / se les nota a la legua / te pone los pelos de punta / no cuesta nada / no se ha puesto el dedo en la llaga / el nudo en la garganta / desde aquí mi enhorabuena / con ganas / pide a gritos

De sabios silvestres y asilvestrados pedantes.

Una cuestión no he conseguido dilucidar todavía, después de todas estas semanas de análisis comprometido: cuál es la razón por la que tantos adeptos de Hernán Casciari admiran su lenguaje y talante supuestamente «cercanos». Desde luego, Onán no es un sabio griego, ni mucho menos, pero ¿de verdad cabe atribuirle el opuesto consuelo de ser «hombre de la calle», filósofo de lo cotidiano?

Creo que si el lector consciente elude la seducción de todas esas grasas y vulgaridades que acumula la prosa de Casciari, se dará cuenta de que el argentino no habla precisamente el «lenguaje de la calle». Navegan por sus escritos, plagados de involuntarias simplezas, otros muchos esfuerzos esfintéricos por refinarse y elevarse. Fracasan, desde luego, pero permanecen, en ruinas, fedatarios del desprecio que siente Rococasciari por sus iguales. En esta bitácora ridiculizábamos uno de esos exabruptos del rococó en ruinas:
«Sé lo que hicisteis es un show estructurado (sic) en la edición y documentación de contenidos ajenos, y también en la generación de contenidos».

Y todo ese rancio desfile de sustantivos a destiempo (¿qué diablos entiende Casciari por estructura, o por edición y documentación, en ese orden?), todo eso, digo, ¡para describir un programa estúpido que sólo puede presumir de la mayúscula imbecilidad de sus presentadores! En la pieza que hemos desguazado hoy aparecen muy buenos ejemplos de estas refinadas pestilencias, lenguaje de funcionario desabrido en ocasiones, dislate y destrozo las más veces:
Tienen una vida atiborrada de normalidades / disputas familiares por el horario de regreso de los adolescentes, pedido de dinero para salir / los medios de comunicación hacen su aparición paulatina / tiene varios toques distendidos como éste, de leve humor, que le hace muy bien al global / Esos toques de humor están bien dosificados, no molestan sino que nos hacen poder (¡AGH!) respirar / Que las imágenes sean creíbles desde un concepto de calidad también tiene una importancia fundamental
Heidegger escribió una de las cabeceras de esta bitácora: «sólo hay mundo donde hay lenguaje». Por eso, porque en Anticasciaria nos sentimos identificados con esta idea, calificamos la prosa de Casciari como inmunda.

lunes, 15 de octubre de 2007

Urgente

Se derrumba la Oferta de Paz a Hernán Casciari por decisión
de la Junta Militar, hace tan solo unos minutos, en medio del
clima de terror y represión promovido por el líder argentino.


La Junta Militar Especial, reunida con carácter urgente esta madrugada, ha decidido revocar la Oferta de Paz dirigida a Hernán Casciari el 12 de octubre, de conformidad con lo establecido en la disposición final única de la Carta. Aunque todavía no han trascendido las razones particulares de esta resolución, Anticasciaria asumirá íntegramente sus consecuencias, reanudando todas las operaciones tácticas y de derribo que se han venido practicando en las últimas semanas.

Un secretario de la Junta Militar declaró que, el pasado fin de semana, «Hernán Casciari ha rehuido cobardemente responder al emplazamiento dado por Anticasciaria». Además, esta redacción ha sabido que el malestar de los representantes de la alianza lingüística en la Junta no ha dejado de crecer en los últimos días, a causa de los disimulados ataques de Casciari a la iniciativa. Según fuentes de la Administración insular, el argentino ha apresado en las últimas horas a varios emisarios de la Oferta de Paz, que permanecen cautivos y amordazados en Orsai y Espóiler después de haberles sido requisados sus mensajes.


Este es el primer párrafo del último discurso de Hernán Casciari que, de acuerdo con expertos consultados por esta bitácora, expresa un desafío evidente a los principios de pacificación de la Oferta de Paz moribunda, al tiempo que desprecia las normas más elementales de la buena Semántica, la buena Gramática y el buen gusto defendidos con denuedo por los héroes de Anticasciaria:
«Entre la semana pasada y ayer, en sólo ocho días, me vi de un tirón diez de las nuevas propuestas norteamericanas de esta temporada. Me compré medio kilo de jamón, un pack de cervezas y le dije a mi mujer y a mi hija que se encerraran en el baño con la luz apagada, porque 'papi tiene que trabajar'. Antes, cuando yo miraba series pero no hablaba con nadie del asunto (es decir, hace seis meses) me hubiera encantado que alguien se tomara la molestia de ver los estrenos y decirme después con cuál quedarme, o qué rechazar de plano. Así que aquí me pongo a hacer justo eso para ustedes. No me lo agradezcan: los de este diario me pagan por hacerlo».

viernes, 12 de octubre de 2007

Españolidad y armistitium

La Administración de la Ínsula Anticasciaria, comprometida con la paz de todos los pueblos y las lenguas, se constituye en Junta Militar Especial, y reunida con los representantes de todas las naciones aliadas del lenguaje acuerda ofrecer a Hernán Casciari de Mercedes la presente


OFERTA UNILATERAL DE PAZ, bajo las siguientes condiciones:

Título I.
De las exigencias dogmáticas y del proceso


Artículo 1. Los representantes de la Junta exigen al invasor Hernán Casciari y a todos sus aliados el cese de hostilidades verbales en la frontera del lenguaje, y la retirada incondicional e inmediata de todas sus agresiones al idioma. A este efecto, el invasor está obligado a la remoción de los escritos hostiles suyos o de sus socios, y a la asunción de cualesquiera costas derivadas del cumplimiento de las condiciones de la presenta Oferta.

Artículo 2. Para perfeccionar válidamente la rendición, en el plazo de un mes, Hernán Casciari se obliga a deponer sus plumas ponzoñosas y a consignar judicialmente su/s equipo/s informático/s. Asimismo, deberá entregar a esta administración todos sus dominios de Internet en el plazo de un mes a contar desde la aceptación de esta Oferta, y en todo caso antes del solsticio de invierno.

Artículo 3. Hernán Casciari y sus acólitos admiradores tienen el derecho y el deber de hablar español correctamente. Este derecho no podrá ser limitado a instancia de esta Junta por motivos políticos o ideológicos, salvo en caso de flagrante insulto a la Semántica.

Artículo 4. Hernán Casciari de Mercedes debe garantizar:

1. Que todas las publicaciones de Espóiler, blog adscrito al diario El País, observarán las reglas del razonamiento lógico y de la ciencia argumentativa cuando ensalcen o denosten a cualquier autor, serie de televisión, libro o película. Se prohiben las afirmaciones caprichosas, apodícticas y absurdas, y el fenómeno coprolingüítico denominado diarrea argentina del lenguaje, salvo lo que puedan disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra.

2. Que todo tópico mugriento, vetusto, consabido y huérfano de imaginación sufrirá destierro de los dominios del desposeído, desde la firma del armisticio. Será requisito para el perfeccionamiento del acuerdo la inexistencia de aquellas tábidas figuras en los textos y comunicaciones con que el aceptante manifieste, acompañe o preceda su consentimiento.

3. Que pedirá disculpas públicas, cabizbajas, orejiagachadas y arrodilladas por todos los insultos dirigidos contra el periodismo bien entendido, y que reconocerá la envidia como el motor de su activismo deontologicida. Se prohibe la entrada a Hernán Casciari en Argentina, España, Periodística y Buen Gusto durante quince años desde la firma del armisticio.

4. Que indemnizará por los daños económicos y morales causados a todas las víctimas de sus agresiones ilícitas y que retirará cuantas fotografías de menores de edad publicó en Internet de manera ilegítima.

Artículo 5. La dignidad del español, las normas gramaticales que le son inherentes, el respeto a la sintaxis y a la ortografía de las palabras son fundamento de la higiene intelectual y de la paz en Internet.

Título II.
De las disposiciones orgánicas

Artículo 6. La Junta Militar, constituida por la Comisión de la Lengua, la Retaguardia y la Comisión Ética, tiene como misión garantizar la soberanía y la salud del idioma, defender su integridad gramatical y el ordenamiento intelectual. Una Comisión de Evaluación examinará el grado de cumplimiento de las condiciones de la presente Oferta y redactará un informe anual con sus conclusiones.

Artículo 7. Corresponde a la Junta la administración económica y diplomática del patrimonio y los dominios totales de Hernán Casciari, sin más limitación que la necesaria para la satisfacción de las necesidades básicas del rendido, no considerándose como tales los meros vicios.

Disposición Transitoria

La Junta, a petición de las víctimas del casciarismo, podrá, por mayoría simple, prohibir totalmente a Hernán Casciari de Mercedes escribir en su blog o en cualquier otro soporte, durante un período de quince años. La Comisión de Evaluación estudiará la posibilidad de prórroga de esta prohibición atendiendo a la evolución del rendido en el cumplimiento de sus obligaciones.

Disposición Final

Las condiciones de la Oferta son innegociables. La Oferta tiene plena validez desde el día de su publicación en la bitácora de la Ínsula Anticasciaria. La Oferta, que deberá comunicarse por la Junta a Hernán Casciari a través de correo electrónico o cualquier otro canal válido, mantendrá su vigencia durante un mes natural, o hasta que la Junta o el rumbo del conflicto aconsejen la oportunidad de revocarla.

Tierra

viernes, 5 de octubre de 2007

Desafectuosamente

Emocionante, tremenda y franca es esta carta que publicamos hoy en nuestra bitácora. Fue dirigida a Hernán Casciari por un estudiante de Periodismo, atormentado a propósito de las palabras odiosas que dedicó el argentino en cierta entrevista a la profesión de informar, aquella en cuyo ejercicio se cree y se reivindica:
Muerte cerebralMe fascina conjeturar lo que puede llegar a ocurrir cuando cada persona conectada a la Red sea, eventualmente, un corresponsal en el mundo de lo que acontece en su barrio. Llegaremos a un punto en que cualquier hecho de importancia ocurrirá en un sitio donde hay un ojo atento reproduciéndolo. La "noticia" acabará siéndonos relatado por testigos presenciales que ya estaban alli, y no por una agencia de prensa que debe trasladarse al lugar de los hechos. De este modo, la información será mucho más veloz, más fidedigna y pasará por la mínima cantidad de filtros antes de llegar a nosotros. Esto es auspicioso y de ningún modo improbable. (H. Casciari, 28 de noviembre de 2005).
Nadie conoce el destino que le esperaba a la epístola de aquel joven, aunque nosotros, curados de espanto, podemos imaginarlo: moriría ahogada en mates, o liquidada por sudores y corrosivas grasas; probablemente, se suicidó harta de tardenoches de fútbol y etanol. Rezamos, en cualquier caso, por que no recibiera la terrible dedicatoria pegajosa y alba. Estas son las palabras perdidas, rescatadas:

Indeseado Hernán Casciari:

Me he preguntado dónde está tu pundonor. Siempre execré todas tus ruines ideas, todas tus viles gracias. Pero, de cuantos cobardes destrozos perpetraste al amparo de esta Red enmarañada, escupir maldades sobre el periodismo, como periodista es el peor y el más bajo.

¿Es que será grande el día en que las cirujías nos las practiquen los de casa? ¿Qué progreso celebraremos cuando los pelagatos hayan de construir sus viviendas? ¿En qué mala hora confiaremos a los ciudadanos la seguridad de los ciudadanos? Quien rechace por su estupidez infantil la sola ocurrencia de una medicina, una arquitectura o una policía populares, ni en broma puede asilar eso que los ciberestúpidos han dado en bautizar como «periodismo ciudadano», es decir, la aniquilación del oficio.

O mucho me equivoco o lo que tú persigues es zamparte el periodismo antes de que el periodismo te devore a ti. Pues la expresión y la redacción, la información y el conocimiento te superan, Edipo.

El buen periodista es un profesional que precisa de una formación, compromiso y métodos. Acude a fuentes de confianza, las busca antes, contrasta la información rigurosamente y manufactura la noticia, una creación distinta del acontecimiento, inteligente, instructiva pues enriquece al consumidor extraviado en el moderno caos de la apatía desinformada. Informar, formar, entretener. Profesional, Hernán: profesional, y no maldita correa de transmisión, oleosa, abandonada en el rincón viejo de un taller mercedario. Imagina ahora que fueran, por ejemplo esos que vomitan desechos en tu blog, quienes hubieran de informar a nuestra sociedad. Imagínate la muerte y la mierda.

No, Casciari, la sociedad necesita de los periodistas. La sociedad necesita de los profesionales, de gente seria. También de los buenos comediantes, serios profesionales de la sonrisa. Pero, de los pocos que no tienen valía técnica o humorística conocida, es decir, que nunca construyeron algo derecho y que nunca deconstruirán nada, de esos, de vosotros, ¡deshágase la sociedad!

González.
Saturno devorando a su hijo

miércoles, 3 de octubre de 2007

Sostiene más quien menos se sostiene

Una de las debilidades más palmarias del discurso de Hernán Casciari se halla en los pilares sobre los que hace descansar todo razonamiento, los marcadores argumentales, por así decir; sobre ellos llamé ya la atención en el artículo primero de esta bitácora.

La antología de disparates que hoy presento es una somera selección de marcadores argumentales endebles que pertenecen a un reciente comentario publicado en el egregio blog Espóiler.

Dije al pasar lo que pensamos muchos (falsa encuesta) / hay casos —y son contados— (no se citan, sin embargo, y el siguiente marcador agrava la indolente falta de razones) / me da toda la impresión (prosa preescolar e imperiodística por añadido) / me queda la sensación de que (peor que las sensaciones dérmicas es ese «quedar» indigente) / Sólo digo que (excusa de quien se sabe asertor culpable) / Imagino que porque (la falta de rigor confesada) / es hoy, con toda (sic) probabilidad (la suposición presentada como análisis equivale a la indecencia) / Cuenta la leyenda (que en este caso debe ser dada por cierta) (ictus a lo Iker Jiménez con postre contradictorio) / Una cosa es cierta [y un párrafo después] una cuestión es muy clara (nuevas disculpas que reconocen que todo menos uno era falso y que todo menos uno era claro, en el texto de Casciari).

Conviene no limitarse a reír la gracia de estas bárbaras construcciones pues, al fin y al cabo, no son otra cosa que lamentables malas elecciones. No hay que abandonarse sólo a la burla, digo, porque, como ya he expresado en esta página, creo que hay cierta clase de errores trascendentes que ilustran la psicología del autor: denotan inseguridad, culpabilidad, ansiedad y complejo, por ejemplo. Asimismo, también la doblez, la fatuidad o la displicencia pueden manifestarse en tales tanteos de la palabra. A los lectores confío la libertad de adjudicar a cada mal el diagnóstico correspondiente, según su buen criterio.