Hace algunos meses dejamos pendiente el estudio de los símbolos presentes en aquella película tan emotiva sobre la vida y obra de Hernán Casciari el insulso, creada por un artista anónimo. Las ocurrencias de este desconocido director de talento, verdaderamente dotado para el ejercicio de la caricatura, merecían por lo menos un artículo para solaz de nuestros lectores: yo dedicaré una serie de ellos a este buen fin.
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La película comienza con una actriz imprescindible: la letra i. ¿Qué gracejo tienen todas las íes del mundo que enloquecen a Casciari como no lo hace ningún animal, vegetal o mineral? No en vano, fue él quien subrayó esa letra en el título de Orsai, su útero-blog. ¿Será su atractivo vertical, la erección desafiante o la cofia traviesa de una gotita pegajosa? ¿Será que es italoargentino? Lo desconocemos, pero –apúntenselo– la i es misterio último de Casciar-i: su misión y cicatriz en esta vida.
Se muestra después la idea sugerente de una prisión en un ordenador. Quizá el acierto mayor de la película sea ese plano casi al principio, tramposo bello paisaje que se torna cristal líquido de ordenador. Lo que creíamos real es mentira putrefacta. La belleza del mundo natural ha muerto, tiempo ha que Casciari la aniquiló. Ahora su hábitat son los pixels, los tutorials y los torrents, torrentes no de vida sino de muerte. Ahora, todos sus adeptos serán letalmente intoxicados con ese lenguaje binario y eléctrico del adicto a los ordenadores.
Se muestra después la idea sugerente de una prisión en un ordenador. Quizá el acierto mayor de la película sea ese plano casi al principio, tramposo bello paisaje que se torna cristal líquido de ordenador. Lo que creíamos real es mentira putrefacta. La belleza del mundo natural ha muerto, tiempo ha que Casciari la aniquiló. Ahora su hábitat son los pixels, los tutorials y los torrents, torrentes no de vida sino de muerte. Ahora, todos sus adeptos serán letalmente intoxicados con ese lenguaje binario y eléctrico del adicto a los ordenadores.
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Google, siempre pensando en el haragán. «Voy a tener suerte». ¿No es ese simpático botón la más pintoresca metáfora del autor del blog Orsai? Hernán Casciari, escritor y periodista desde el sofá, no desprecia la oportunidad de una mejora o un ascenso. Sin embargo, la desgracia, como veremos, se ceba siempre con él. La peculiar herramienta de puro azar patrocinada por Google no le arreglará la vida al argentino. Mejor sería mover el culo hasta la administración de lotería más próxima que confiar en las dádivas impredecibles de Internet.
Ingeniosa redundancia de Narciso la empleada por el autor del vídeo para ridiculizar a Onán por el pleonasmo, uno de los setenta veces siete talones de Aquiles del patético lenguaje del argentino. El «botón de la suerte» de Google, juez de páginas buenas o malas según los adjetivos escogidos, decide finalmente que ninguno de los blogs de Casciari es paradigma del entretenimiento. ¡Desgracia, decadenza, porca miseria! Pero haya calma. Nada temerá Onán mientras tenga suelto en el bolsillo. «Voy a tener dinero», ése es su botón más querido.
Vea la película aquí.
Todavía quedan interesantes imágenes que comentar del biofilme de Casciari, de modo que este análisis continuará. Por cierto: no olviden acercarse a Cartas a Casciari el próximo 31 de diciembre, pues vamos a despedir este año de nuestro feliz nacimiento con una serie de tres divertidos artículos especialmente ideados para tan grata celebración.
Ingeniosa redundancia de Narciso la empleada por el autor del vídeo para ridiculizar a Onán por el pleonasmo, uno de los setenta veces siete talones de Aquiles del patético lenguaje del argentino. El «botón de la suerte» de Google, juez de páginas buenas o malas según los adjetivos escogidos, decide finalmente que ninguno de los blogs de Casciari es paradigma del entretenimiento. ¡Desgracia, decadenza, porca miseria! Pero haya calma. Nada temerá Onán mientras tenga suelto en el bolsillo. «Voy a tener dinero», ése es su botón más querido.
Vea la película aquí.
Todavía quedan interesantes imágenes que comentar del biofilme de Casciari, de modo que este análisis continuará. Por cierto: no olviden acercarse a Cartas a Casciari el próximo 31 de diciembre, pues vamos a despedir este año de nuestro feliz nacimiento con una serie de tres divertidos artículos especialmente ideados para tan grata celebración.




1 comentarios:
Casi lo olvidaba: Si el autor anónimo de esta brillante película tiene a bien acercarse por nuestra página, le agradeceríamos que comparezca aquí o nos envíe un e-mail. Nos encantaría conocer a la persona que tan bien conoce y tan bien ha sabido ridiculizar la trayectoria de Hernán Casciari de Mercedes.
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