Nochebuena. Navidad. Fin de año... En esta época a los españoles nos han castigado tradicionalmente la salud las obligaciones de empresa, de familia y de bolsillo pero, sobre todo, nos han torturado nuestros deberes digestivos. Mariscos, pescados, carnes nobles hasta marear la balanza, turrones sudorosos, chocolantes, azúcares, licores, mejunjes de todo género. Sobrevivir a estas fiestas no está garantizado. ¿Tendrán razón la tripulación de Antena 3 Noticias y otros esnobs de su talla cuando opinan que este «tiempo de felicidad» nos hace mejores personas? Nunca lo había contemplado de esta manera, pero cabe que el deporte de riesgo navideño, como si de un harapiento disfraz de noche de brujas se tratara, nos acerque y confraternice con aquellos que podrían morir todos los días del año. Acaso tengan razón hasta las ratas de la publicidad y la televisión que olvidan por sistema noticiar que Papá Noél y los Reyes, porque son malos no reparten regalos a los negros africanos. Sin embargo, hace varias navidades que los españoles vivimos bajo una palatal amenaza que hace sombra a los demás peligros tópicos de la Navidad: desde que Hernán Casciari aterrizó en nuestro país años atrás, todos sus afanes y todas sus horas de retrete las ha dedicado a amargarnos el gusto y ulcerarnos la moral saboteando nuestro idioma.
Servimos la venganza por las malas acciones del italoargentino en este día de fin de año, antes de llenarnos de carnes y uvas las entrañas, con la esperanza de que puedan disfrutar todas sus víctimas de estómago castigado, y comenzamos esta serie ejemplar de artículos sobre Casciari Bocasucia con dos recientes arrebatos propios de su animal naturaleza. Así habló Onán:
Preocupados por la salud de Onán, pues toda la miseria semántica de los anteriores adjetivo y sustantivo despierta nuestra perspicacia de veterinarios y muévenos a pensar en alguna rara enfermedad tropical, interrogamos a nuestros infiltrados en terreno cacciaresco con la esperanza de que puedan arrojar luz sobre este asunto. Su delicada labor de paciencia, precisión y pinzas en la nariz consiste en revisarlo todo siete veces. Mirarán en la basura, hurgarán en los armarios, analizarán los compuestos de biberones y mates, recogerán muestras de sangre, semen y orín, olerán las sábanas, estudiarán todo fósil en las letrinas y probarán de las mixturas en el desagüe. Volad, soldaditos, decidnos: ¿qué le está pasando a Hernán Casciari?
Espías en la redacción de El País nos informan de que en nada pueden informarnos sobre los hábitos de Hernán Casciari. Por lo visto, el ídolo «trabaja» en casa.
Espías en el domicilio de Hernán Casciari nos informan de que el argentino se da al mal yantar de entrañas y otros subproductos rioplatenses no con cuchillo y tenedor, sino solamente pertrechado de una estructura y un flamante, con los que corta y pincha respectivamente hablando.
De modo que era eso.
¿Así de cruel es la naturaleza de todo hallazgo? ¿Acaso todas las enfermedades, todos los grandes males de este mundo tendrán respuesta y solución un día por mor de circunstancias tan fortuitas, desagradables, viscerales o aun rectales como ésta? Gracias, leales soldados nuestros, por vuestra respuesta grandiosa, pero sabed que esta solución miserable a nuestras tribulaciones nos asquea y nos subleva. Hoy, 31 de diciembre del año 2007, no es dado confirmar al fin lo que tan sólo era una intuición para Décimo Junio Juvenal: la mente enferma en el cuerpo enfermo.
Servimos la venganza por las malas acciones del italoargentino en este día de fin de año, antes de llenarnos de carnes y uvas las entrañas, con la esperanza de que puedan disfrutar todas sus víctimas de estómago castigado, y comenzamos esta serie ejemplar de artículos sobre Casciari Bocasucia con dos recientes arrebatos propios de su animal naturaleza. Así habló Onán:
1. «La flamante (adiectivus insolitus) huelga de guionistas»
2. «La televisión británica no es una estructura (¡ja, ja, ja!) espectacular»
Preocupados por la salud de Onán, pues toda la miseria semántica de los anteriores adjetivo y sustantivo despierta nuestra perspicacia de veterinarios y muévenos a pensar en alguna rara enfermedad tropical, interrogamos a nuestros infiltrados en terreno cacciaresco con la esperanza de que puedan arrojar luz sobre este asunto. Su delicada labor de paciencia, precisión y pinzas en la nariz consiste en revisarlo todo siete veces. Mirarán en la basura, hurgarán en los armarios, analizarán los compuestos de biberones y mates, recogerán muestras de sangre, semen y orín, olerán las sábanas, estudiarán todo fósil en las letrinas y probarán de las mixturas en el desagüe. Volad, soldaditos, decidnos: ¿qué le está pasando a Hernán Casciari?
Espías en la redacción de El País nos informan de que en nada pueden informarnos sobre los hábitos de Hernán Casciari. Por lo visto, el ídolo «trabaja» en casa.
Espías en el domicilio de Hernán Casciari nos informan de que el argentino se da al mal yantar de entrañas y otros subproductos rioplatenses no con cuchillo y tenedor, sino solamente pertrechado de una estructura y un flamante, con los que corta y pincha respectivamente hablando.
De modo que era eso.
¿Así de cruel es la naturaleza de todo hallazgo? ¿Acaso todas las enfermedades, todos los grandes males de este mundo tendrán respuesta y solución un día por mor de circunstancias tan fortuitas, desagradables, viscerales o aun rectales como ésta? Gracias, leales soldados nuestros, por vuestra respuesta grandiosa, pero sabed que esta solución miserable a nuestras tribulaciones nos asquea y nos subleva. Hoy, 31 de diciembre del año 2007, no es dado confirmar al fin lo que tan sólo era una intuición para Décimo Junio Juvenal: la mente enferma en el cuerpo enfermo.





4 comentarios:
Eres grande, Droucho. ¡Torero!
¡Más! ¡Más, por favor!
Torero lo serás tú, ¡ja, ja, ja! Lo prometido es deuda. Quédate un poco más por aquí, que aún no hemos servido todo lo que tenemos.
¡Mueran los mediocres!
Droucho said...
¡Mueran los mediocres!
Drouchito, por favor, no me digas que te quieres suicidar!
¡Ja, ja, ja, ja! ¡Pepe Casares! ¡Pepe Casares!
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